Cachorros -> Educación del cachorro
La primera regla que tenemos que tener presente es que con el cachorro debemos ser coherentes. Es decir, debemos ser constantes en su educación y no permitir algo que no le hemos permitido la víspera. Una buena educación necesita firmeza pero siempre sin violencia.
En otros artículos hemos comentado que el cachorro debe encontrar su sitio y su plaza en la casa y en la familia. Y es que no debemos olvidar que el mundo de los perros se rige por el concepto de jerarquía, es decir, dominación/sumisión. Y para que el cachorro, no se convierta en dominante y sea un perro sumiso a sus dueños, existen ciertas directrices:
• Debemos dirigirnos al perro con mensajes y con órdenes sencillas y directas, no con discursos largos e incomprensibles para él: “No”, “Muy bien”, “buen perro”, etc.
• El perro debe de tener un horario fijo de comidas (lo que ayudará a regular su tránsito digestivo) y este horario debe ser antes o después de sus dueños. Nunca debemos mirarlo mientras come, ya que esto él lo puede interpretar como un acto de sumisión por nuestra parte.
• No debemos dejarle comida a su voluntad, ya que nuestro cachorro tendrá muchas posibilidades de convertirse en un perro obeso.
• Si se va del plato antes de haber terminado retírale el plato. Así el perro se acostumbrará que hay un horario fijo para comer. Donde tiene que comer todo y no comer cuando le apetezca.
• Nunca hay que darle nada de comer de la mesa. Hay que tener muy en cuenta que gran parte de la comida humana es desaconsejable para el perro. No obstante, si queremos darle algo de comer de nuestra comida, debemos hacerlo después de haber terminado nosotros y dejándoselo en su recipiente.
• No debemos dejar que el perro se pasee mientras nosotros estamos comiendo cerca de la mesa, reclamando comida o molestando a los comensales. Debemos acostumbrarle a qué en horas de comida debe marcharse a su lugar y no molestar. Además de demostrarle que no debe reclamar comida. Somos sus dueños y le damos de comer. Pero a su debido momento y en su lugar.
• Al principio todos tenemos tendencia decir su nombre constantemente como si eso fuera a hacer que el perro lo retuviera antes. Debemos hacerlo sólo en momentos agradables.
• No le acostumbres a jugar contigo o con nadie mordiendo con sus dientes de leche. Cuando es cachorro no hacen daño, pero conforme crezca estos son peligrosos para las personas. Y si acostumbras al perro a jugar así, luego él no será capaz de discernir que hace daño con sus dientes